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HISTORIA

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22 may. 2009

Perlitas de Rancière:

«No hay ignorante que no sepa una infinidad de cosas y toda enseñanza debe fundarse en este saber, en esta capacidad en acto. Instruir puede, entonces, significar dos cosas exactamente opuestas: confirmar una incapacidad en el acto mismo que pretende reducirla o, a la inversa, forzar una capacidad, que se ignora o se niega, a reconocerse y a desarrollar todas las consecuencias de este reconocimiento. El primer acto se llama embrutecimiento, el segundo emancipación» [Ranciere, 10]
«…el acto esencial del maestro era explicar, despejar los elementos simples del conocimiento y hacer que su simplicidad de principio concuerde con la simplicidad de hecho que caracteriza a los espíritus jóvenes e ignorantes […]…hay que invertir la lógica del orden explicador. La explicación no es necesaria para remediar la incapacidad de comprender. Por el contrario, justamente esa incapacidad es la ficción estructurante de la concepción explicadora del mundo. Es el explicador quien necesita del incapaz y no a la inversa; es él quien instituye al incapaz como tal. [p 17-21]
«…se les ha dirigido una palabra de hombre; quieren reconocerla y responder, no como alumnos o sabios, sino como hombres; como se le responde a alguien que nos habla y no a alguien que nos examina: bajo el signo de la igualdad. […] Como todo maestro sabio, Sócrates interroga para instruir. Sin embargo, quien quiera emancipar a un hombre debe interrogarlo a la manera de un hombre y no como los sabios, para ser instruido y no para instruir.» [p. 26, 46]
(De "El maestro ignorante", Libros del zorzal, 2007)

1 comentario:

Bárbara dijo...

Mientras iba leyendo, pensé: "muy socrático lo de Rancière!". Los últimos renglones lo confirmaron.
Me resulta interesante su punto de vista y me parece que responde muy bien a la metodología del taller.